Capítulo Diecisiete. Odio (II)

Un golpe seco.

Esperando sentir el flagrante dolor de una funesta y definitiva agresión, escuché un golpe seco.

De hecho, no escuché nada más. El mar, el viento, la lluvia, todo parecía haberse detenido ¿Habéis tenido esa sensación peculiar cuando estáis concentrados en una habitación cerrada y se para el aire acondicionado? Resulta que donde antes creías que había silencio, te acompañaba sin apenas hacerse notorio un ruido constante. Y cuando el verdadero silencio aparece, resulta aún más evidente.

Pues así sucedió. Como si el tiempo y la rotación del universo pararan al unísono, hubo un vacío predecesor al impacto. Logré recuperar mi borrosa visión para ser testigo del momento.


El chico había hecho aparición.


La causa audible fue el sonido sordo de sus nudillos golpeando el rostro de mi atacante. De un solo toque, lo había mandado por encima de mí varios metros atrás. La mandíbula completamente desencajada del ente daba buena cuenta de la potencia del choque. Mi chico no venía a andarse con tonterías. Su postura era combativa, brazos arriba cual púgil deseando dar caza a su rival. Me transmitía una energía descomunal, su simple presencia casi hacía cicatrizar mis graves heridas. Su determinación era evidente, y en su fijación visual hacia el ente no había reserva alguna: venía a ganar, ataviado con nada más que su ímpetu y su musculatura, tensa y preparada para arremeter contra mi potencial asesino. Habló el joven:

- Si tan valiente eres, ven a por la fuente creadora de toda esta historia, maricón. Ven a por mí. Es bastante cobarde de tu parte intentar derribar mis cimientos desde dentro procurando hacer mella en la figura que el tigre para mí representa. Si quieres dominar mi vida, si crees que tienes algo mejor que ofrecer, ten una charla a muerte conmigo. Déjalo a él a un lado.

¿En qué momento el chico había logrado tales hechuras? Se mantenía sobre la punta de sus pies y balanceaba levemente su cuerpo, preparado para volver a arremeter. No había duda, estaba preparado para enfrentarse a sus miedos de tú a tú y salir victorioso. O al menos, eso parecía. La figura oscura respondió, no sin antes recolocar su dentadura y sonreír de manera extraña.

- Vaya, vaya, vaya... Veo que te has dedicado a fortalecer físicamente lo que emocionalmente no logras endurecer, ¿Eh? ¿Qué tal, niñato? ¿Cómo te trata la vida? -El ente pasó el dorso de su mano por su boca para limpiar la ¿sangre? que el puñetazo había provocado en su ¿rostro?

- No creo que te incumba, no estoy interesado en lo que tengas que ofrecerme -Respondió el chico, cortante.

- ¿Ofrecer? Yo no vengo a ofrecerte nada, escoria. Me da asco mirarte, eres débil. Sigues siendo débil ¿Por qué eres tan jodidamente débil y no te has matado aún? Ah, claro, que los cobardes, ni de suicidarse capaces son - Era evidente que la figura traía bien preparado su papel de antagonista absoluto. Cada palabra era veneno, cada frase liberaba una bilis y un deseo de infinita manipulación pocas veces visto. Era el desequilibrio hecho voz. El chico no parecía titubear.

- Vaya, veo que tienes bien aprendido tu rol, te has empapado en mi diccionario emocional de todo aquello que pueda resultarme un Talón de Aquiles para atacarme... Pero creo que no te va servir de mucho.

- ¿Seguro? Te veo demasiado crecido para andar tan perdido en la vida.

- Estar perdido o haber perdido no significa que vaya a caer en tus métodos. Ni aunque desespere caeré en tu trampa para cambiar quien soy. De nada serviría.

El ente soltó una carcajada que hizo retumbar la playa entera.

- JAJAJAJA! ¿Te funciona esa pseudo psicología barata para mantenerte a flote en el charco de mierda que genera tu propia inmundicia, niñato? "Yo no voy a cambiar bla bla bla voy a seguir siendo igual de gilipollas toda mi vida bla bla bla, tengo un ego tan grande que no me permito ni cuestionarme si no hay otras vías de supervivencia bla bla bla" - El ente movía los ojos a un lado y a otro, los ponía en blanco, simulando muecas, vacilando con cada palabra y cada gesto. Su provocación era, en forma, perfecta. No así en efecto. El chico permanecía inquebrantable.

- ¿Me funcionaría acaso dejarme envenenar por ti para ser mejor?

- Jamás he hablado de ser mejor, por mi como si te mueres de cáncer o empalado analmente por el asta del toro más descomunal que puedas concebir. Que por cierto, de cuernos, entiendes un rato, ¿No chico? - El ente le dedicó al humano una media sonrisa capciosa y un guiño con sorna. Prosiguió - Yo no vengo a mejorar lo que no puedes mejorar, vengo a sustituir el buenismo por una violenta dosis de realidad. Tienes dos opciones, permitirme el trono de este alma herida o seguir recibiendo desde fuera a base de palos las enseñanzas que yo podría aportarte ¿De verdad vas a ser un come mierda toda tu puta vida?

- Mientras siga pudiendo decir que soy yo mismo, prefiero las decepciones que el mundo pueda aportarme.

- Como puedes ser tan necio y estar tan cegado, humano. No has conseguido nada chico, N-A-D-A, viviendo como vives. Te han engañado, te han robado, te han ultrajado, te han vejado, menospreciado, ninguneado, vetado, apaleado... ¿Sigo?

- Vaya, veo que el papel de víctima en mi propia vida lo tienes bien aprendido. La fase de la autocompasión la superé hace dos lecciones, gracias profe -Espetó el chico con ironía.

- Lo has utilizado mil veces, no me vayas ahora de santo, refutas con una falsa seguridad que a mí no puedes colarme.

- No soy un santo, de hecho que tú existas da buena fe, irónicamente, de algunos de mis defectos. Existes en toda la imperfección de mi día a día. Existes en mi melancolía, en mis lágrimas, existes en todo aquello que considero negativo... Pero ya está, te dejo con vida porque, si en algo coincido contigo, es que para amar también hay que conocer el odio. Pero de ahí a dejarte salir a campar a tus anchas, va un trecho. Tengo mis métodos para apaciguarte.

- ¿Sí? ¿Ese de escribir cuando la realidad te desborda? ¿O componer? ¿O machacarte físicamente? Creo que no eres consciente de hasta qué punto no expresarme y darme libertad de acción te pudre por dentro, te consume, te debilita.

- Me niego en rotundo a darte crédito. Responder con odio y violencia a lo que ocurra fuera, por detestable que sea, no me haría más fuerte ni más feliz en grado alguno.

- ¿Y agachar la cabeza sí?

- Agachar la cabeza sería doblegarme a sentir dolor ante aquellas cosas que intentan dañarme. Y mira, sí, lo han conseguido infinidad de veces. Me han faltado murallas y me ha sobrado sensiblería. He mordido el polvo. Pero lo asumo como parte del juego.

- Lo asumes, pero jamás has contestado como se debe: respondiendo. Atacando. Demostrando que tú también sabes insultar, mentir, lastimar, manipular... golpear.

- Esa respuesta genera una recompensa momentánea que nada aporta a la larga.

- ¿Y el dolor de sentirse vulnerable qué te aporta, gallina? ¿Quién coño va a querer a su lado a un tipo que no es capaz de dar una hostia cuando hace falta?

- Es que no hace falta dar una hostia para demostrar hombría. Eres jodidamente básico.

- De hecho sí, lo soy. Soy básico. Soy ese instinto oscuro. Animal. Irracional. Ese deseo de haber dado una torta en más de una ocasión en lugar de pedir explicaciones. Soy esas ganas de venganza. Todo ser humano las tiene. Tú no eres una excepción. Que no me exteriorices no te hace mejor, sólo más hipócrita. Tú como todos has tenido deseos de destrozar. Tú como todos has anhelado responder con mala hostia a los agravios. Tú, como todos, has deseado el mal ajeno. Tienes un lado oscuro que por más que trates de esconder, existe. YO SOY TODO AQUELLO QUE NO MUESTRAS. Por miedica, por evitar el conflicto a toda costa, por agradar... Eres un paria come pollas que se sostiene sobre una falsa rectitud moral.


...


Si bien el chico seguía firme, estaba recibiendo demasiados calificativos poco agradables como para mantenerse por sí mismo a flote. Pero mi debilidad era tal, que no podía más que confiar en las enseñanzas, en las noches en vela, en las conversaciones soñando un futuro mejor, en la verdad de mis palabras. En resumen, necesitaba confiar. Necesitaba creer, ciegamente, en que el chico estaba preparado. El humano habló de nuevo:

- Enserio, ¿Qué esperas quebrantar insultándome de ese modo? ¿Por qué te esfuerzas en derrocarme a mí, si tanto odias mi vida, mis circunstancias y mis formas de asimilar los golpes que he de recibir en esta lucha continua llamada vida, para qué quieres ocupar mi lugar?

- El odio, la maldad, la ira, la rabia... no necesitan motivos, humano. No necesito razones para querer reventar todo aquello que te rodee y para reventarte. No necesito una mecha, soy el fuego que arde por sí solo. Existo por y para mí, existo para doblegar vigas morales de acero con la punta de mis dedos como si de plastilina estuviéramos hablando. Busco la destrucción, la autodestrucción. Busco ver el sufrimiento reflejado en los ojos de aquellos que me fueron generando y creando. Los monstruos internos que generan los seres humanos son señales de advertencia ante situaciones y emociones no deseadas. Yo no soy uno de esos monstruos. YO SOY EL MONSTRUO. No existo para adoctrinar, para provocar un crecimiento, un aprendizaje o una maduración. Existo para dañar y para ser dañado. Existo para hacer que se corrompan hasta los ángeles más perfectos. Me alimento de todo aquello que pueda provocar locura, dolor, incomprensión. Mis razonamientos varían según lo que pregunten, mi lógica es inexistente, mis porqués son anodinos. Soy el mal por el mal.

Quiero ocupar tu lugar porque de nada sirve quebrantar al zafio, al amoral, al vil o al violento. Mi gracia reside en someter y convertir en crueles almas que puedan considerarse aparentemente bellas. Lo que de fábrica viene violentado no necesita ser azuzado por mi mano. Mi finalidad no es convertir a los agentes del mal en seres aún más deplorables. Mi finalidad es hacer perder el norte y sumar adeptos a la oscuridad de entre las buenas personas que aún quedan por el mundo. Existo para corromper bondades como la tuya. Fui creado para hacerte dudar de tu realidad. De todo aquello que vives. Para provocar la insatisfacción infinita. Para que mires atrás e incluso te preguntes si algo de lo que creíste vivir fue real... Joder, me provoca un jodido orgasmo ver cómo recuerdas ciertos momentos y te sigues preguntando "¿Pero por qué, por qué, por qué?" entre lágrimas... Eres tan fácilmente manipulable que tu esperanza de ser valorado por alguien que vislumbre lo bueno que hay en tu corazón se va desvaneciendo con los años y con las grietas que dejan a su paso las personas que han sabido jugar sus cartas para aprovecharse de ti... Vas quedando cada vez más sólo, más frío, más viejo y más roto...

... Y cuanto más tiempo pase, más profunda será la herida. Yo seré más evidente, iré torciendo tu gesto, iré agriando tu carácter, acabarás por ser una sombra de quien creíste poder llegar a ser. Tus esfuerzos serán en vano, y conocerás un pozo tan infinito, profundo y oscuro, que habrás deseado haberme hecho caso y haberte ido a la tumba habiendo roto, al menos, alguna boca a tu paso... Que la tuya, ya ha sido partida en no pocas ocasiones... Y las que te quedan... Las que te quedan chico, lo peor está por llegar y no tienes forma alguna de pararme.


...


Mierda. El chico había perdido parte de su fortaleza. Sus piernas titubeaban, su mirada ya no era tan decidida, un sudor frío recorría su frente... ¿Por qué no? ¿Por qué no dejarse llevar? Sus ideas empezaban a desvirtuarse, de hecho, me empezaba a costar encontrar el lazo telepático que siempre nos mantenía unidos. Tampoco es que mis fuerzas dieran para sostener vivo el necesario enlace con sus valores que una discusión de tal calibre reclamaba para no perder los estribos. Estaba cediendo terreno, y los nervios comenzaban a aflorar. La sombra se crecía, mis heridas volvían a doler, mi pelaje blanco, tornado carmesí por la sangre vertida, se enfriaba y palidecía... La cosa no pintaba bien. El joven intentó responder pensando en todo aquello por lo que merecía la pena no rendirse.

- Con no pocos errores, he luchado mucho por mantenerme íntegro, hijo de puta. Tengo mucha gente por la que luchar, tengo motivos de sobra para seguir adelante sin hacer uso de malas artes. Sigo buscando herramientas que me ayuden a fortalecerme y entre ellas no figura en mis planes la idea de empezar a hacer las cosas mal...

- ¡¡¡VENGA YA, ILUSO!!! Si eso fuera así yo no podría haber si quiera rozado a tu querido tigre... Si lo he dañado es porque encontré la forma, encontré la abertura. Hallé el fallo de seguridad en tu mierda de consciencia. Un vez aquí, no puedes obviarme. A más me obvies, mayor me haré, más corrompido acabarás y más roto vivirás ¡Acéptalo de una vez, puto gordo, se han reído en tu cara! Jajajajaja en tu puta cara, imbécil, parguela, pagafantas, te han engañado como a un pelele, tan listo e inteligente que crees ser, en materia emocional eres poco menos que un novato... Te la han jugado y te la van a seguir jugando una y mil veces.


...


Peligro. El chico se estaba nublando. Esto no era bueno. Intentaba acceder a él pero no lograba hacerme oír:

- Muchacho, no lo escuches, desvía la atención, recuerda todo aquello que te reconforta.

Las rodillas empezaban a fallarle. Los brazos temblaban. Una vez instalada la duda en su interior, el combate se libraba sin necesidad de golpes físicos. Estaba dubitativo. Lo estaba perdiendo. Empezó a endurecer la mandíbula, a cerrar los ojos con fuerza, a apretar los puños. El ente proseguía:

- ¡Vamos, admítelo, no pasa nada! Todos hemos sido el pintamonas de alguien alguna vez. A todos nos la han colado, lo gracioso es que no lo vieras venir cuando estaba jodidamente claro! Tus emociones te cegaron una vez más y creíste ver amor donde solo hubo interés... Y es tu gran fallo: creer. Creer en el ser humano, en el amor, en la esperanza, en que aún exista la fidelidad, creer en la verdad en un mundo cargado de falsedad... Venga, asúmelo, eres un idiota iluso, un bueno para nada, ¡Un pelele!

- Chico, por favor, no lo atiendas. Son muchos años luchando, no lo tires todo por la borda por un desencanto.

Lo estaba perdiendo. Estaba perdiendo a mi humano. Al que fue mi joven. Desde pequeño, tan dulce, débil pero a la vez fuerte, bueno aunque impulsivo, reactivo aunque pacífico... Se me estaba marchando un buen amigo por un maldito desengaño. Y las heridas físicas ya no eran lo que más me dolían. Comencé a dejarme llevar por el desasosiego y la tristeza. Para colmo, vi como al chico se le saltaban las lágrimas...

Y entonces… lo perdí por completo.


[CONTINUARÁ]