Capítulo Veinticuatro. Creencias

No son necesarias presentaciones.

Para quien se una ahora a mi particular odisea, una breve descripción: una playa desierta, una luna imponente, una brisa agradable, un mar en calma. Un chico sentado en la orilla mirando al infinito, esperando para charlar con su álter ego: un tigre blanco de grandes dimensiones y que alberga toda la experiencia y el conocimiento que el universo han sabido hacerle llegar. El animal es el guía espiritual del chico, es su apoyo en los momentos de crisis. Es esa voz que uno trata de escuchar cuando el ruido externo no te permite pensar con claridad.

El felino se aproxima por la espalda de manera majestuosa. Se sitúa al lado del chico sin mirarlo. Sonríe de lado. Se sienta sobre las dos patas traseras y va directo al grano, sin apartar la mirada de un mar que, al fin, parece decidido a ir recobrando tranquilidad poco a poco. Aunque cueste.

- ¿Cómo te va chico? - Musitó la fiera con voz inquisitiva.

- Empiezas fuerte, querido tigre. No sabría definir mi momento actual, pero sí puedo decirte que tengo la sensación constante de que todo lo que acontece es positivo de cara al futuro. Que voy en la dirección correcta; que estoy cogiendo impulsos vitales hacia la evolución adecuada. Que tengo que agarrar con fuerza la oportunidad que se me ofrece y luchar por ella.

- La oportunidad te la estás dando tú. No lo olvides. El autoconocimiento es una batalla solitaria que se libra en sociedad pero a solas, al fin y al cabo. No te despistes ni te distraigas con todo aquello que no venga desde lo más profundo de ti mismo.

- Lo sé, querido amigo, lo sé. Pero necesito que las personas que valoro y aprecio crean en mi.

- ¿Por qué?

- Porque son un motivo importante en mi día a día.

- Gilipolleces.

- ¿Perdona?

- No buscas creencia. Buscas aprobación. Como siempre. La que tú mismo no te das.

- Eso no es del todo cierto.

- Y vas a intentar refutarme con mil argumentos, porqué, según tú, no es cierto lo que digo, ¿Verdad?

- Si me lo permites...

- No te lo permito.

- ¿Perdona?

- No es que no te lo permita. Es que digas lo que digas voy a seguir pensando lo mismo de ti. No malgastes tu tiempo ni tu saliva. Ahorra energías.

-... - El gesto de desaprobación en la cara del chico enervó al animal.

- Vamos a ver, niñato, te cuento porque te veo muy "perdiíto" y no soporto que pongas cara de mártir. Aquí no hay mártires. Un cotilleo breve para situarte: hay un chico en vuestro mundo, ahí fuera, de bastante buen ver, que cree que eres homosexual ¿Por qué no te lo tiras?

- ¿Disculpa? - (La cara de asombro del humano no está pagada)

- Otro "perdona" o "disculpa" y juro que te arranco la cara. No pidas que te repita las cosas como si no me hubieses escuchado claramente la primera vez simplemente porque esperas que matice mis palabras. No las voy a matizar. Repito, ¿Por qué no te acuestas con ese mozuelo?

El chico miraba incrédulo, sin entender muy bien por dónde iban los tiros.

- No sé de quién me hablas, pero olvidas el pequeño detalle de que, por halagado que me pudiera sentir... Soy heterosexual.

- Pero es que él cree que eres homosexual.

- Ya, pero es que no lo soy.

- ¡Pero es que él cree que lo eres!

- Pero es que por mucho que lo crea, no va a cambiar mi orientación sexual, ¡Lo siento!

- ¿Y te afecta que él crea que eres gay?

- En absoluto, en todo caso me hace gracia, me desconcierta, pero no me afecta.

- ¿Dirías que te duele lo que él pueda creer?

- Lo más mínimo. No.

¿ENTONCES POR QUÉ TE AFECTA TANTO LO QUE OTROS SERES DECIDAN CREER DE TI EN OTROS ASPECTOS?

El chico lo miró sorprendido. Bingo. El tigre había vuelto a darle la vuelta a todo su mundo con un ejemplo tan banal como simple. Pum. Nuevas conexiones emocionales, bienvenidas. Nuevas formas de encarar las situaciones, aquí un amigo. Aún así, tozudo como buen tauro, intentó resistirse:

- Pero no puedes comparar las creencias de alguien aleatorio con las creencias de personas cuya opinión te importa.

- ¿Osea que la opinión o creencia de los demás vale más que la tuya propia en tu persona?

(Segundo guantazo de realidad)

- Mmmm no... Creo. Pero las tengo muy en cuenta. Porque me conocen.

- ¿Realmente crees que el mundo que te rodea te conoce? ¿Acaso has llegado tú a conocerte al cien por cien a ti mismo? ¿Cómo va nadie a poder señalarte con el dedo siendo portador de la verdad absoluta si ni tú mismo has llegado aún a la veracidad intrínseca de tu alma?

- Vale. Te capto. Tienes razón. En ese viaje ando inmerso.

- Entonces, ¿Por qué dar por válidas las opiniones o creencias que vierta el mundo sobre ti? ¿Qué más da lo que yo decida pensar de ti si tu coraje, tu fortaleza y tu voluntad son férreas? Si tus valores son lo suficientemente aguerridos como para no caer ante el primer envite. Si de corazón tú consideras que puedes equivocarte pero eres noble, la gente que te quiere también puede hacerlo en ocasiones y no por ello dejar de apreciarte.

Has leído en no pocas ocasiones el libro "El caballero de la armadura oxidada" ¿Recuerdas el afán del caballero por salir cada mañana a matar dragones porque quería demostrar que era bueno, valiente y generoso? Y cómo la historia acababa por enseñarle que si realmente era bueno, valiente y generoso, lo era ¡Y punto! No necesitaba salir cada amanecer a rescatar damiselas en apuros a lomos de su corcel, porque ello era solo una necesidad extrema de agradar al mundo y de demostrar todo aquello que no era capaz de repetirse a sí mismo día tras día. Si eres bueno, lo eres. No tienes que intentar demostrar nada. A nadie.

Igual que no necesitas mirarte al espejo para saber que tu pelo es azabache, no tienes porqué verte reflejado en las palabras, opiniones o sensaciones de nadie para considerarte mejor o peor persona. De hecho, debes respetar que las creencias de los seres que valoras puedan no coincidir con las tuyas en no pocas ocasiones, y que ello no te suponga una calamidad.

Y eso me lleva al siguiente punto:

¿A que si te lo hubiese permitido habrías intentado refutarme de mil formas posibles que no buscas agradar y que sólo buscas que te crean?

- Claro. Creo que es mi derecho darte mi punto de vista.

- Tu no buscas dar el punto de vista. Buscas cambiar mi parecer.

- ¿Y acaso es malo querer que alguien que aprecio no sufra por tener un parecer inadecuado sobre mi persona?

- El que sufres eres tú porque tu debilidad emocional en momentos de disputa te hace sentir que esa persona puede llevar razón. Y te da miedo aceptar tus propias limitaciones. Cuando lo hagas, cuando las aceptes, conseguirás vencerlas.

Mira chico, otro ejemplo sencillo: ¿Te acostarías con doce mujeres una detrás de otra delante del citado joven que te cree homosexual sólo para demostrarle que tú no lo eres?

- ... Obvio no.

¿PUES ENTONCES POR QUÉ TRATAS DE REFUTAR OTRAS CREENCIAS AJENAS CON MILES DE PALABRAS Y ARGUMENTOS?

- ...

- Chico, si una disputa es fuego, en ocasiones las palabras de más resultan gasolina, no agua. Avivas aquello que quieres acallar por no saber hacer un uso adecuado de la templanza y la calma que se necesitan en momentos de discrepancia. De hecho, logras el efecto contrario; puedes acabar por ofender más si la palabras no entran como debieran hacerlo. Acepta lo que el mundo tenga que decirte. Valida, aunque no te agrade.

- Osea, que si el mundo me acusa de mentir o faltar al respeto debo aceptarlo sin más.

- No es que tengas que aceptarlo: es que aprendas a que no te afecte de tal modo que se genere un caos en tu interior que te provoque malestar durante días ¿Qué ganas? No escojas la vía del sufrimiento. Si realmente eres bueno, franco, amoroso, recto o digno, serán el tiempo y las acciones quienes vayan sanando heridas y formando una imagen menos distorsionada de quien realmente eres o quieres llegar a ser. No van a ser las palabras, muchacho. Esas se las lleva el viento.

- Joder... Me estás dando una buena tanda de lecciones en cinco minutos que voy a requerir cinco horas para asimilarlo. Menos mal que tú no me cobras.

- Y de seguro comenzará a dolerte la cabeza, ¿Verdad? Eso se llama resaca emocional, chico. Tratas con demasiada ansiedad de completar un puzzle que quizá no completes jamás. El autoconocimiento es un trabajo diario de todos los seres humanos. Saber canalizar nuestras emociones, saber elegir en qué creer, qué creer, qué sentir, no son tareas fáciles chico. Requieren valentía, humildad, calma, y grandes dosis de comprensión, paciencia y amor.

- ¿Pero no puede el amor deteriorarse con el roce?


Chiquillo: el amor, cuando lo es, no se deteriora ni en la derrota.

De hecho, ¿Cómo esperas evolucionar si no? La evolución conlleva cometer errores. Si uno no se equivoca, ¿Cómo le va a poner solución a algo que no sabía que estaba mal? Si no enseñas a un crío a no meter los dedos en el enchufe, de seguro los meterá. Y aprenderá por la vía dolorosa que no debe hacerlo. Ensayo y error, pequeño. Ensayo y error.

Y respecto al amor... Imagina que eres un diamante por pulir. Como bien sabes, ningún otro material que no sea otro diamante podrá pulirte. Toda madera, todo metal endeble, toda roca que quiera rozar contigo acabará por salir disparada o por partirse. Te abandonará en el camino ¿Pero sabes? Tú tienes la suerte de tener a tu alrededor un verdadero diamante en potencia, que como tú, necesita pulirse, necesita aprender, necesita el roce.

Cuando dos diamantes se rozan y saltan chispas, no se rompen, chico: Se pulen.

Y el resultado de ese pulido acaba por ser dos piedras preciosas que, incluso en momentos de diferencia, no han olvidado lo importante: Son diamantes. Son preciosos.

No te digo con esto que los roces deban ser constantes o se deban buscar a propósito. No significa que celebres tus malos momentos, tus enfados o los del de enfrente. Significa que sepas relativizar y darle a cada instante la importancia que deba tener.

Reflexionar, sentirse agraviado en ciertas ocasiones, madurar, aceptar, asumir, validar, comprender, disculpar, disculparse... Todas son acciones que requieren su espacio, su mimo y un gran corazón para poder ser ejecutadas correctamente.

Con esto quiero decirte que no intentes persuadir a nadie de quien eres o quién quieres llegar a ser: lucha por llegar a serlo y demuéstralo luego en el campo de batalla. En la vida, en los momentos en los que decidas no alzar la voz, en los momentos en los que escojas no confrontar. Demuéstralo en tus acciones presentes y cara al futuro.

Nadie puede cambiar su pasado. Pero se puede utilizar para mejorar el futuro. No hay necesidad de olvidar ni tampoco se trata de celebrar los conflictos como si fueras un inconsciente: se trata de enmarcarlos donde se debe para que no generen mayor sufrimiento o tensión del necesario. Nadie dijo que vivir fuese tarea fácil, mucho menos para un capullo intenso como tú. Pero que la intensidad no derive en agotamiento depresivo. No es de recibo. Hay cosas peores. Bien lo sabes.

El futuro pinta prometedor, y está ahí, esperándote. No decaigas en los tropiezos, sacúdete la ropa y sigue adelante. Y quien te quiera señalar o juzgar en su libre derecho estará de hacerlo. Piensa que esas personas de seguro tienen sus propias luchas internas, tienen también sus experiencias y motivaciones, tienen sus miedos y sueños, tienen sus circunstancias.

Lucha por conocerte al punto de poder conocer a la gente que tanto amas en toda su plenitud. Púlete para poder pulir. Sé mejor para poder aportar más. Suma, suma, suma.

¿Quieres decirle a las personas que amas que son las mejores? ¿Que agradeces su presencia en tu vida? Dite a ti mismo entonces que eres el mejor. Agradécete por todo aquello por lo que quieras ser agradecido. Potencia todo aquello por lo que desees ser recordado.

El mundo exterior no es un lugar sencillo. No lo compliques con disputas innecesarias ¿Me harás la promesa de elegir la calma y la templanza de aquí en adelante ante cualquier desavenencia?

- No soy de promesas. Pero quisiera darte el sí. De forma rotunda además.

- Pues elige darlo ahora mismo. Tuya es tu vida, tuyo es el camino, tuyas son tus formas.

- ...

- Si quieres ver feliz a la gente que te importa, haz un pacto de alto el fuego contigo mismo. Aprende a quererte, aprende a hablarte, aprende a visualizar el contexto de otro modo. Escucha a quienes te valoran, intenta entender sus motivos, respeta sus diferencias, abraza sus decepciones. No huyas de aquello que pueda doler, ten el coraje suficiente de afrontar todo aquello que pueda desagradar y que pueda desagradarte de tu propia persona.

El simple hecho de que estés escribiendo todo esto ya es un paso adelante.

Y así seguiremos.

Siempre adelante.